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El optimismo del emprendedor
El emprendedor es un ser humano caracterizado por el signo del optimismo. Donde otros se confunden, caen en pánico y se paralizan, el emprendedor descubre nuevas oportunidades para desarrollar iniciativas, talento y destrezas. Para el emprendedor el ya famoso "si se puede" es actitud y práctica permanente, porque la vida es un sí, tan cierto como el mañana que es la certeza de que sí saldrá el sol para iluminar el sendero.
El emprendedor no es de aquellos que se enredan y naufragan en los pantanos de ese absurdo "no se puede", que se resbala a escondidas de la boca de los pesimistas y que es el más perverso paralizante que pretende detener al ser humano. Quien frente a una dificultad, grande o pequeña, se diga a sí mismo: "no se puede", está perdido antes de intentar vencerla. Quien dude de sí mismo, no tiene la fuerza ni el coraje para luchar por nada ni nadie.
El "no se puede" es el conspirador infame que medra a escondidas en lo recóndito de las entrañas, como el cáncer que no se deja descubrir sino cuando es demasiado tarde para extirparlo.
Frente a los demás, el emprendedor siempre marca la diferencia por su entusiasmo, por su buen humor, por su fe perseverante y su esperanza inextinguible. El emprendedor es fuente inagotable de energía positiva que contagia y levanta el ánimo de los demás.
El emprendedor siente en su interior ese fuego ardiente que le impulsa a trabajar sin quejarse ni abatirse. El emprendedor tiene convicciones profundas y propósitos inquebrantables. Una vez que ha definido sus objetivos, no hay fuerza que le detenga, porque su tenacidad y constancia tienen la potencia cósmica capaz de superar las más grandes dificultades y vencer a los más espantosos peligros.
El emprendedor no se fatiga en la lucha porque en ella vibra su vida y encuentra la satisfacción suprema de su existencia. Rechaza la apatía y la rutina, porque ellas tienen olor a muerte. Su vida es dinamismo, innovación, creatividad, siempre busca nuevos retos, y está abierto para intuir inéditas alternativas e imaginar mundos aun no conocidos. Las horas del día pasan demasiado rápidas y la velocidad a la que transcurren los días, le dejan la sensación de esas estrellas fugaces que ni siquiera permiten fijar su vista en ellas. A cada amanecer le espera con la ansiedad del atleta en la línea de partida. Cada día es una renovada posibilidad para contribuir al progreso colectivo, a la felicidad de los demás, al desarrollo nacional.
No importa desde dónde, el emprendedor, esté donde esté, es ímpetu fogoso, es pasión y es frenesí que asume la dirección para conducir a quienes van adelante sin dejar de empujar a los que se rezagan. Siempre con buen modo, siempre con la palabra atinada, siempre con el gesto apropiado, siempre con el consejo oportuno.
La sonrisa del optimista es señal de vida plena, es música que anima, es color de alegría contagiante, es mano extendida que brinda confianza y eleva la autoestima. El espíritu optimista del emprendedor es como el sol que en límpido cielo enciende los colores del campo y liquida las tenebrosas sombras del pesimismo noctámbulo. El optimismo del emprendedor es símbolo de libertad y expresión de dignidad, es generosidad y altruismo, es nobleza y solidaridad. Un emprendedor no se entrampa en el egoísmo inútil, ni se agota en los fantasmagóricos temores de los débiles de ánimo proclives a la claudicación. No hay antídoto más eficaz contra el veneno del negativismo que el entusiasta "sí" del emprendedor optimista.
El optimismo del emprendedor no se apaga nunca, porque no es fuego chico ni entusiasmo de ocasión, es fuego gigantesco que crece con el viento y enciende las almas de todos los demás.
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