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El emprendedor y el éxito
El éxito no es un milagro que gratuitamente aparece en algún instante de la vida por obra y gracia de algún misterioso poder, sino el resultado del trabajo inteligentemente dirigido y perseve-rantemente realizado.
En cada circunstancia, el emprendedor debe tomar decisiones y escoger entre las distintas alternativas que se le presentan. De su acierto o equivocación depende el resultado, si elige el camino incorrecto, el fracaso es la consecuencia, en cambio, si adopta la decisión adecuada, el éxito es una posibilidad cierta.
No cabe duda que la suerte es un factor que existe e incide en el desarrollo de las acciones y en los resultados, pero esa es una eventualidad derivada de la casualidad y de las coincidencias, que como todo lo demás, también demanda del emprendedor su agudo sentido de oportunidad, la debida preparación y la pertinente información, para desplegar con ingenio las iniciativas más apropiadas; caso contrario, no solo que la deja pasar, sino que además, corre el riesgo de perderla inútilmente, con lo cual, aquello que se llama "buena suerte" cambia de color y nombre y se estigmatiza como "mala suerte".
El éxito no tiene una sola dimensión. Muchas veces se pretende reducirlo exclusivamente a su cuantificación monetaria, olvidando o subestimando a los demás elementos y factores que integran el amplio horizonte de la vida humana. El dinero es un medio de cambio, pago y acumulación de útil y generalizado uso en la sociedad, sin embargo, frecuentemente en su entorno se ha desatado la tendencia a convertirle en signo de poder e instrumento de dominio, al extremo de hacer de su atesoramiento un objeto de adoración y una fascinante obsesión que obnubila y enceguece. Hacer del dinero un ídolo es desvirtuar su naturaleza y envilecer al ser humano, que de sujeto de la historia es degradado y queda reducido a simple objeto en ella.
Desde la perspectiva humanista del emprendedor, el éxito debe ser visto como el logro integral en el que simultáneamente florecen lo material y lo espiritual. El verdadero éxito es la autorrealización del ser humano que pone a prueba su talento, habilidad, destreza, energía y coraje. El éxito auténtico levanta la autoestima y eleva al ser humano, cuando lo consigue en esforzada lucha contra las dificultades y los obstáculos. Si una victoria se alcanza sacrificando principios, valores y virtudes como lealtad, justicia, honradez y solidaridad, no es éxito verdadero. Si alguien, para obtener extraordinarios resultados económicos o de otro tipo, se vale de cualquier instrumento y atropella a los demás, en lugar de éxito lo único que consigue es un estigma de sabor amargo que le llena de infamia y vergüenza.
El sendero que conduce hacia el éxito no es fácil ni corto. Exige templanza para luchar sin descanso contra las debilidades internas: pereza, comodismo, envidia, avaricia; y al mismo tiempo fortaleza para enfrentarse con valentía al peligro, amenazas y ataques de los enemigos. Dos espectros fantasmales suelen acechar desde las sombras al emprendedor en su camino: el derrotismo ante el fracaso y el cansancio en medio de la dura jornada. Para conquistar el éxito el emprendedor debe levantarse después de la caída y persistir en la lucha a pesar de la fatiga y el agotamiento.
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