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El emprendedor y su imaginación
Imaginar es volar al futuro sin dejar de tener los pies sobre la tierra; es verse triunfador sin perderse en los ensueños vanos de fantásticos castillos y deslumbrantes ilusiones; es forjar un proyecto de brillantes objetivos y metas ambiciosas, sin extraviarse en los desvaríos de las ocurrencias absurdas y disparatados adefesios.
Imaginar es atreverse a desafiar, con juicioso pensamiento, dificultades que a muchos asusta, inmoviliza o espanta, para convertirlas en oportunidades propicias a los fines anhelados. Imaginar es concebir una idea innovadora que nunca antes fue pensada, es vislumbrar una empresa que despierta entusiasmo, desarrolla iniciativas, convoca voluntades y moviliza energías. Imaginar es crearse un objetivo para conquistarlo y trazar un sendero a seguir. Imaginar es una necesidad vital imperiosa, sin ella, el ser humano deambula por la vida, desorientado y confundido, sin meta ni destino, como veleta que gira al capricho de los vientos, como hoja seca que cae en cualquier parte.
Existe una enorme diferencia entre imaginación y fantasía. Mientras la imaginación es realista y se forja en las mentalidades visionarias de los emprendedores vigorosos, la fantasía es pura ilusión, es espejismo alucinante de ensueños infantiles, que se disipan azarosos en la nebulosa incierta de los inútiles deseos y los anhelos quebrantados. Imaginar es combinar la creatividad ilimitada de la mente liberada, con la responsabilidad ineludible del pragmático accionar, que avanza con certeza por la ruta del progreso, desplegándose audaz, entre lo deseable y lo posible, entre el afán por la excelencia y la incesante mejoría para alcanzar la calidad.
La imaginación es propia de las individualidades recias y valerosas, de coraje encendido y voluntad acerada, capaces de abandonar la cómoda rutina y enfrentar con aplomo problemas, amenazas y obstáculos, con la serenidad de quien camina por la senda trascendente de los grandes objetivos con mística buscados y con perseverancia trabajados. La imaginación inspira, motiva y estimula al emprendedor; es un extraordinario recurso que potencia al ser humano, que lo eleva y lo proyecta al horizonte infinito donde las destrezas se destacan y brillan los talentos.
La diferencia entre una vida plena y la mera existencia de perfil vegetativo, radica en el sentido que cada ser humano da a sus pensamientos y acciones. Pero el sentido de la vida no es casualidad insospechada que surge del azar, ni simple coincidencia fraguada por la contingencia de eventuales peripecias. Imaginar un propósito da sentido a la vida, razón a los esfuerzos, coherencia a los sucesos. Sin imaginación la inteligencia se pierde aturdida por los laberintos insondables de la extravagante sinrazón.
Todo cuando la humanidad ha creado a lo largo de su existencia, desde aquellas monumentales obras que perviven al paso de los siglos y asombran la mirada de quienes las contemplan, hasta aquellos sorprendentes y maravillosos descubrimientos científicos que deslumbran y fascinan, antes de ser realidad, fueron imaginados por las mentes de sus arquitectos y sus investigadores. No hay pregunta que no sea contestada, no hay propósito que no sea alcanzado.
La limitación no está en buscar la respuesta o construir la obra, sino en imaginar la pregunta e imaginar el proyecto. Desarrollar la imaginación ha sido, es y será el signo de la humanidad que no se detiene. Imaginar es ver el futuro, diseñar el camino, orientar los pasos, forjar el sentido.
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